TRAGEDIA GRIEGA

La velocidad se llevó a un amante de la serena contemplación. Como si se tratara de una ironía del destino, Theodoros (Theo) Angelopoulos, el cineasta griego que encabezó en los 70 el renacimiento del séptimo arte de su país, murió tras ser atropellado por una moto. Deja detrás de sí un legado que invita a reflexionar.

Quiso ser escritor, estudió Derecho en Atenas y se licenció en Literatura en la Sorbona, pero lo suyo era observar el mundo a través de una cámara. Por ello se formó en el prestigioso Institut des Hautes Études Cinématographiques, la escuela de cine de París, donde supieron asistir Alain Resnais, Costa Gavras y Jean-Jacques Annaud, entre otros.

Inició su carrera a finales de los 60 tras haber trabajado como crítico para un diario que sería cerrado cuando su país cayó bajo la égida de la Dictadura de los Coroneles (1967-1974). Precisamente por eso se lanzó a la dirección.

Theo Angelopoulos en rodaje

Para realizar El viaje de los comediantes (1975), una de sus obras más reconocidas, tuvo que sortear la censura presentando un guion falso. La cinta de casi cuatro horas sobre unos artistas que recorren Grecia de 1939 a 1952, entre invasiones fascistas, nazis y una guerra civil, habría sido demasiado para los militares, poco adeptos al legado de Pericles. El trabajo lo puso en el mapa internacional del cine y le valió distinciones en Cannes y la Berlinale.

Luego llamó la atención en la Mostra de Venecia con Alejandro el Grande (1980), película en la que arremetía contra el autoritarismo y que le valió el premio de los críticos.

ANGELOPOULOS  Alejandro Magno

Los largos planos secuencia y los paisajes lluviosos e invernales iban marcando el particular estilo de un hombre al que el gris lo inspiraba. Heredero de una tierra de grandes pensadores, Angelopoulos buscaba brindarle al espectador encerrado en la caverna cinematográfica tiempo para reflexionar.

Cannes alabó su pluma con el premio al Mejor guion para Viaje a Cythera (1984), un drama coescrito junto a Tonino Guerra y Thanassis Valtinos en el que se relataba la historia de un comunista que regresa a Grecia tras haber vivido exiliado en la Unión Soviética. Una oportunidad para expresar su desilusión ante la realidad de su patria.

A esta altura sus trabajos eran coproducidos por varios países (especialmente Italia a través de la RAI) y eso le abrió la posibilidad de dirigir a actores como Bruno Ganz, Harvey Keitel, Jeanne Moreau, Marcello Mastroianni, Michel Piccoli y Willem Dafoe. En detrimento, sus cintas fueron perdiendo su tinte político y sus planos se fueron acortando.

Angelopoulos buscaba actualizar los mitos de su país natal. Así, por ejemplo, Viaje a Cythera se ligaba con las peripecias de Ulises. ‘Los griegos han crecido acariciando piedras muertas. He tratado de sacar a la mitología de las alturas y brindarla directamente a la gente’, reflexionaba.

La crítica se terminó de rendir ante su lente con Paisaje en la niebla (1988), que le valió el León de Plata al mejor director en el Festival de Venecia y el premio a Película del año en los European Film Awards.

Luego vendría La mirada de Ulises (1995), Gran Premio del Jurado en Cannes, una distinción que no le bastó. ‘Si esto es lo que tienen que darme, no tengo nada que decir’, dijo Angelopoulos ante la sorpresa del público asistente a la gala de cierre del festival. Igual de atónito quedó Andy Garcia, presentador de la distinción, cuando el realizador se retiró del escenario sin siquiera darle tiempo a los fotógrafos para que inmortalizaran el momento.

Pero no hubo mayores resquemores con la organización del evento fílmico de la riviera francesa, ya que tres años después La eternidad y un día (1998) obtuvo la Palma de Oro.

Su retorno al cine político fue con Eleni (2004), sobre una pareja que viaja a Grecia luego de que el Ejército Rojo invadiera Odesa. Iba a ser la primera entrega de una trilogía sobre la historia de su país en el siglo XX, pero solo pudo llegar hasta el segundo episodio, El polvo del tiempo (2008).

Autoconsciente de su rol, el artista había expresado: ‘Todo director recuerda la primera vez que miró a través del visor de una cámara. Es el momento en que no se descubre el cine, sino el mundo. Pero llega el instante en que el realizador empieza a dudar de su propia capacidad para ver las cosas, cuando no puede saber si su mirada es correcta o inocente’.

Angelopoulos, de 76 años, se encontraba rodando en las afueras de Atenas su nueva producción El otro mar, en la que iba a dar su perspectiva sobre la crisis económica que afecta a Grecia y Europa. Pero la tragedia se cernió sobre el amante de la lentitud, que fue arrollado por una moto cuando estaba cruzando una circunvalación. El cineasta fallecería el martes 24, pocas horas después del accidente, víctima de la velocidad contra la que luchó desde la pantalla.

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Sobre Federico Bentancor